lunes, 26 de noviembre de 2007

Cultura Policial. Policía de proximidad y Búsqueda de la Calidad Organizacional

PLAN DE FORMACIÓN DE LAS POLICIAS DE
BUENOS AIRES
Dr. Manuel Martín
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La búsqueda de la calidad máxima en sus productos y servicios, es una
característica de las organizaciones modernas. A lo largo de los últimos años el
concepto de calidad ha ido evolucionando y hoy no se concibe plantear la
excelencia de una organización o de sus productos y servicios sin que estos
estén orientados a la satisfacción de las necesidades de sus receptores
últimos.
Para una organización pública estos receptores son unos ciudadanos
cada vez mas conscientes de su derecho a la calidad. Es por ello por lo que la
calidad en las organizaciones de seguridad, es una demanda ciudadana y una
exigencia específica de las propias organizaciones públicas de seguridad mas
modernas y eficientes.
Las estrategias de la calidad total tienen como objetivo la satisfacción
del usuario. Para conseguirlo, es necesario conocer sus expectativas, sus
percepciones, el entorno en que se produce el servicio, las redes sociales que
forman parte de ese entorno.
En definitiva, la organización debe estar volcada hacia el usuario, es
decir, el ciudadano y sus necesidades específicas, y para ello son básicos los
procedimientos, los circuitos, las normas, pero sobre todo es necesaria la
implicación de todos los miembros de la organización en la búsqueda de la
calidad máxima, lo que incide necesariamente en la gestión de los recursos
humanos de la organización.
Desde esta perspectiva es por lo tanto imprescindible la adecuada
gestión de los recursos, tanto humanos como materiales, y su orientación hacia
las necesidades del ciudadano como usuario del servicio.
La estandarización de procedimientos
En el campo de las organizaciones de seguridad, al igual que sucede en
otros campos de las organizaciones, es necesario estandarizar los
procedimientos y los estándares de calidad. Se precisan para ello, unos
estándares de calidad específicamente orientados a la búsqueda de calidad en
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los servicios de seguridad, y al tratamiento adecuado de los temas de
seguridad en su sentido mas amplio e integral. Un ejemplo de todo lo anterior
son los estándares QOSI de calidad, aplicados a la Policía.
Los procedimientos de calidad aplicados a los servicios de seguridad,
constituyen una potente herramienta de mejora y evaluación permanente de las
organizaciones de seguridad. Centrados en el usuario y en la satisfacción de
sus necesidades y expectativas, ofrecen un sistema de auditoría externa que
permite certificar que el servicio al ciudadano se realiza siguiendo los
estándares y requisitos establecidos.
La certificación constituye un valiosísimo instrumento para los
responsables políticos y los directivos de organizaciones de seguridad, tanto de
policía, como de bomberos, protección civil, o centrales de emergencias.
Se trata de una garantía externa de que las actividades de la
organización se realizan con el nivel de calidad establecido, así como de que
se busca siempre la respuesta mas adecuada y orientada hacia el ciudadano y
sus necesidades.
El conjunto total de estándares aplicados se refiere a las acciones que
los policías deben realizar en el ejercicio de sus funciones. Todos los
estándares deben cumplirse adecuadamente para obtener la certificación,
excepto aquellos que se refieran a temas que queden fuera del ámbito
competencial, o las funciones desarrolladas, por el cuerpo policial analizado, o
por la parte del mismo de que se trate. El sistema de valoración recoge en el
resultado final y de manera ponderada, el grado de cumplimiento.
Los estándares de calidad, se traducen en un conjunto de
especificaciones y recomendaciones que la organización debe cumplimentar
para alcanzar dichos estándares. Este documento ofrece a la dirección policial
un valioso referente sobre las acciones a desarrollar para mejorar la
organización.
Las especificaciones de la Dirección, se refieren a los principales
instrumentos de que dispone la dirección de la Policía para condicionar y dirigir
el desarrollo de los servicios y el cumplimiento de los estándares de calidad
correspondientes: La formación profesional impartida; los procedimientos y
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normas; los recursos económicos, y con ellos los recursos materiales y
humanos disponibles; y los sistemas de inspección y control.
Después de tomar la decisión de implantar un sistema de la calidad en la
Organización, es importante decidir la secuencia de presentación de las
diferentes fases,. El proceso comienza por la constitución de la comisión de la
calidad, hasta finalizar al obtener la certificación de calidad. Todo ello referido a
la totalidad del Cuerpo policial.
Todo ello implica que los procedimientos de gestión han de ser ágiles y
eficaces, y deben realizarse de manera racional y estandarizada. Debe
seguirse un proceso de estandarización adecuado y pensado específicamente
para la mejora de los servicios prestados por la Policía.
Por ello se deben replantea permanentemente los estándares de
calidad, orientándolos específicamente a la búsqueda de la máxima calidad en
los servicios de seguridad, y al tratamiento adecuado de los temas abordados
por el Cuerpo policial en su sentido mas amplio e integral.
Las hojas de autoevaluación constituyen el instrumento de ayuda en el
proceso, mediante el cual se pueden evaluar todos y cada uno de los
estándares y especificaciones establecidos, así como los indicadores de
percepción del usuario y las políticas de gestión de los diferentes aspectos de
la Policía.
Aspectos acreditados por la auditoría
De acuerdo con todo lo anterior, una vez auditada la organización, y si
se extiende la certificación válida por dos años, se acredita que:
a) Están explícitamente recogidos en documentos escritos, y accesibles,
los procedimientos, normas, órdenes, reglamentos y circuitos en los que se
establecen claramente los sistemas de funcionamiento necesarios para el
cumplimiento de los estándares de calidad QOSI.
b) Está establecido un sistema de inspección, supervisión y control de
los servicios y de la manera como se realizan estos. Así mismo hay un
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procedimiento de tratamiento de las quejas y de corrección de las anomalías
detectadas respecto al cumplimiento de los estándares anteriores.
c) Existe un programa de formación profesional y de actualización
periódica de conocimientos, para todos los miembros de la organización, cuyos
objetivos pedagógicos están orientados al cumplimiento de los estándares
citados.
d) Existe un programa de valoración de necesidades, mantenimiento,
renovación y gestión de los recursos de todo tipo disponibles en la
organización para el cumplimiento de dichos estándares.
e) Están claramente establecidas las políticas de gestión y las líneas
estratégicas planteadas, en cada uno de los principales aspectos de la
Organización.
f) Se controlan adecuadamente los principales indicadores de atención
al ciudadano en su calidad de usuario del servicio policial.
El cambio organizativo
Evidentemente la aplicación de un sistema de calidad, trae consigo
cambios profundos tanto organizativos como culturales dentro de la Institución.
Estos cambios se basan en que los actuales modelos policiales argentinos en
su gran mayoría han tomado como eje de su estructura, capacitación y política
de acción, al grupo social desviado, delictual o potencialmente delictual.
Estos cambios se ven potenciados por la dualidad de funciones, que
tiene que cumplir el policía, refiriéndonos a la tarea preventiva por un lado e
investigativa o auxiliar de la justicia por otro. Esto ha derivado en un
desequilibrio entre los grupos sociales de atención, olvidandonos de que el
servicio policial debe ser brindado al conjunto de la sociedad y no a un sector
en particular. Visto de otra manera el “cliente” de la policía es la comunidad
toda.
En este sentido es importante mencionar que la incorporación de un
sistema de calidad no produce en si mismo un nuevo modo de ver la función
policial, sino que éste sirve como instrumento para la renovación. Se busca
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incorporar acciones que tengan como principal actor a toda la comunidad,
incluyendo a los sectores en situación de marginalidad.
Para el logro de estos objetivos se hace necesario desarrollar una
estrategia de abordaje institucional, que permita en primer término un
entendimiento y aceptación del tema “calidad” por los distintos niveles que
compone la organización.
Objetivo:
El objetivo es penetrar en el espectro institucional, el concepto de
calidad en los servicios entendiendo al mismo como un instrumento más a
desarrollar, dirigido a la búsqueda de una optimización de los servicios
policiales, revalorizando la atención de las demandas comunitarias en su
conjunto, de manera tal de dar respuesta oportuna y eficiente a aquellas de
competencia policial y canalizando el resto al sector que corresponda,
pudiendo así mejorar la sensación de inseguridad de la sociedad.
Los recursos públicos son limitados y es obligación de todos
gestionarlos de la manera mas eficiente posible. La certificación acredita que
las normas de actuación y los sistemas de gestión utilizados, son adecuados.
Gracias a todo ello se pueden disminuir las condenas, críticas, e
indemnizaciones por la existencia de actuaciones irregulares; se evitan
duplicidades, uso inadecuado de los recursos, o pérdidas derivadas de la
inadecuada gestión; se racionaliza el gasto evitando las nefastas imprevisiones
y precipitaciones. La organización se hace mas eficiente y cuidadosa.
El cambio obliga a renovar las estructuras, procedimientos y normas de
actuación utilizados. El beneficiario último de este proceso es el ciudadano
receptor del servicio, que puede contar con una organización homologable a
cualquier organización de seguridad moderna y eficiente.
Dado que la organización que se está certificando, debe superar
periódicamente las auditorías correspondientes, la motivación hacia el
cumplimiento de los estándares, su permanente autoevaluación y su necesidad
de formación profesional continuada, están siempre presentes en su trabajo.
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El conjunto total de estándares recogidos en el manual se refiere a las
acciones que los policías deben realizar en el ejercicio de sus funciones. El
sistema de valoración recoge en el resultado final y de manera ponderada, el
grado de cumplimiento.
Todos los estándares deben cumplirse adecuadamente para obtener la
certificación, excepto aquellos que se refieran a temas que queden fuera del
ámbito competencial, o las funciones desarrolladas, por el cuerpo policial
analizado, o por la parte del mismo de que se trate. El sistema de valoración
recoge en el resultado final y de manera ponderada, el grado de cumplimiento.
El sistema QOSI está estructurado alrededor de cuatro grandes ejes que
giran alrededor de la calidad del servicio prestado y de la percepción de la
misma por parte del usuario. Estos grandes ejes configuran un sistema de
mejora permanente del servicio.
El primer eje lo constituyen las funciones y políticas de las 25 líneas
estratégicas, básicas para la creación de un entorno adecuado que permita el
cumplimiento de los estándares de calidad establecidos. Estos factores son los
siguientes:
*Organización y gestión * Normas, especificaciones y órdenes
* Toma de decisiones * Procedimientos de actuación
* Equipos de trabajo * Circuitos administrativos
* Recursos económicos * Gestión y motivación de personal
* Recursos materiales * Políticas y programas
* Sistema de la calidad * Promoción y movilidad
* Diseño de puestos de trabajo * Participación ciudadana
* Condiciones laborales * Salud y seguridad laboral
* Selección y reclutamiento * Sistema normativo interno
* Formación y actualización * Inspección, evaluación y control
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* Cambio organizacional * Participación y representación
* Información y comunicación * Sistema de valores profesionales
* Misión, prioridades, objetivos y funciones de la Organización
Al realizar la diagnosis de la organización, se debe comprobar que
existan políticas claras y bien definidas para cada una de las líneas
estratégicas, así como que la función de dichas políticas es la especificada.
Estas funciones han de estar contextualizadas razonablemente,
comprobándose que en cada caso concreto, tanto las líneas, como los propios
estándares, permiten la adecuada adaptación de la organización a las
expectativas y necesidades del ciudadano, como usuario final del servicio.
Cada estándar concreto de calidad, precisa de algún tipo de norma,
procedimiento o instrucción que establezca claramente dicho estándar como
fundamento de la actuación policial.
Es necesaria también una formación específica que capacite a los
miembros de la organización para el cumplimento de dicho estándar. Precisa al
mismo tiempo de unos recursos determinados, y un sistema de inspección y
valoración del nivel de cumplimiento.
Procedimientos; procesos de formación profesional; inspección y control;
y recursos disponibles, constituyen los campos en los que se establecen las
especificaciones a cumplir por la dirección de la organización, en el sistema
aplicado.
El segundo eje del sistema, lo constituyen los diferentes indicadores de
búsqueda de la satisfacción del usuario, o de la calidad final que éste puede
percibir directamente. Se trata en definitiva, de comprobar el grado en el que la
organización está orientada hacia el servicio al ciudadano como usuario último
del mismo.
Estos indicadores están relacionados con los tiempos de espera, los
trámites burocráticos, el trato recibido y otros aspectos similares que tienen una
incidencia inmediata en la percepción del ciudadano y en el cumplimiento de
sus expectativas. Deben contar cada uno de ellos con un procedimiento
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específico que garantice la atención prioritaria al ciudadano. Los indicadores
específicos que se evalúan, son los siguientes:
*Tiempo de respuesta a la demanda de servicio
* Tiempo de espera en cada trámite administrativo
* Trámites administrativos en cada expediente
* Canales de información al ciudadano
* Canales de participación ciudadana
* Tratamiento de las quejas ciudadanas
* Tratamiento de las denuncias de los ciudadanos
* Tratamiento de opiniones y sugerencias
* Actitudes y trato percibido por el usuario
* Disfunciones y conductas inadecuadas
El tercer eje del sistema está formado por las especificaciones que la
dirección de la organización debe seguir, para que el cumplimiento de los
estándares sea efectivamente posible. Está presentado en cuatro de las
principales facultades orgánicas de la dirección para modular la realización del
servicio y controlar su cumplimiento. Estas facultades son:
Procedimientos: Facultad de establecer las normas, procedimientos,
circuitos administrativos, órdenes y circulares que delimiten el servicio a
realizar.
Formación: Facultad de determinar los objetivos pedagógicos,
metodologías didácticas y contenidos formativos en las cuatro grandes áreas:
socialización o formación de acceso; mantenimiento o formación permanente,
profundización, o formación especializada; y promoción o formación de
cuadros.
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Recursos: Facultad de distribuir, mantener, adecuar, o renovar los
recursos disponibles por la organización: económicas, materiales y humanos.
Inspección: Facultad de inspeccionar y controlar las fases de
preparación y ejecución del servicio, corregir disfunciones, valorar el
cumplimiento de los objetivos, y sus efectos.
Un cuarto eje son los instrumentos de valoración y control directo del
cumplimiento de los estándares. Son los principales factores de
retroalimentación y mejora del sistema. Los estándares se centran en los
siguientes temas:
Atención al ciudadano y el entorno 1. Tratamiento de quejas y peticiones
2. Recepción y gestión de denuncias 3. Medio ambiente y recursos naturales 4.
Vías públicas y entorno urbano 5. Gestión y dirección del tráfico 6. Atención al
público
Relaciones con la comunidad 1. Trabajo interdisciplinario y en equipo 2.
Proximidad y participación comunitaria 3. Resolución de problemas 4.
Cohesión e integración social 5. Prevención y proactividad 6. Educación cívica
y de seguridad
Servicios asistenciales 1. Grupos de especial atención 2. Disminuciones
físicas y psicológicas 3. Asistencia a heridos y enfermos 4. Exclusión y
marginación 5. Minorías y conflictos sociales 6. Catástrofes, accidentes y
emergencias
Uso de recursos materiales y administrativos 1. Uso de recursos
materiales 2. Conducción de vehículos 3. Comisos, grúas, precintos y similares
4. Atestados y denuncias administrativas 5. Archivos, seguimiento de
expedientes 6. Inspecciones, actas, informes
Investigación e información 1. Tareas científico-técnicas y de laboratorio
2. Testigos e informaciones 3. Tareas de información 4. Desarrollo de
investigaciones 5. Atención a las víctimas 6. Conducción de interrogatorios
Vigilancias y protecciones de seguridad 1. Patrullaje de espacios
públicos 2. Custodia de edificios e instalaciones 3. Vigilancia rural y de zonas
verdes 4. Sistemas de seguridad estática 5. Escoltas y acompañamientos 6.
Custodia de bienes particulares
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Controles y registros 1. Registros en propiedades 2. Cacheos e
identificaciones 3. Instalación de controles en las vías públicas 4. Obtención y
tratamiento de datos personales 5. Imágenes y grabaciones 6. Obtención de
indicios, muestras y pruebas
Uso de la coacción física 1. Uso de elementos de defensa e
inmovilización 2. Uso de armas de fuego 3. Arresto de personas 4. Custodia de
detenidos 5. Traslado de detenidos 6. Uso de la fuerza física contra las
personas
RESUMEN
La búsqueda de la calidad máxima en sus productos y servicios, es una
característica de las organizaciones modernas. A lo largo de los últimos años el
concepto de calidad ha ido evolucionando y hoy no se concibe plantear la
excelencia de una organización sin que ésta esté orientada a la satisfacción de
las necesidades de sus receptores. Para una organización pública estos
destinatarios son ciudadanos cada vez más concientes de su derecho a
disponer de unos servicios de calidad. Si esto es válido para cualquier ámbito,
al hablar de seguridad estamos ante una obligación ineludible.
En las organizaciones orientadas a la seguridad, como la Policía, la
búsqueda de la mejora de la calidad del servicio presenta unas características
específicas en las que entran en juego los derechos y libertades fundamentales
de las personas, no solo sus propiedades sino también su seguridad física, e
incluso su propia vida.
Por todo ello, a los estándares que nos sirven de referente para
considerar que los servicios de una organización tienen unos niveles de calidad
adecuados, hay que añadir necesariamente los derivados de estos factores
específicos ineludibles. Es por ello por lo que la calidad, en las organizaciones
encargadas de gestionar la seguridad, es no sólo una demanda ciudadana,
sino un auténtico componente de legitimidad social y de garantía de su
compromiso con la sociedad de actuar profesional y democráticamente. La
mejora de la calidad de los servicios, implica previamente la plena concepción
de los mismos como un derecho de todos los ciudadanos. Desde esta
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perspectiva, es una obligación de todas las Administraciones Públicas, proveer
de seguridad bajo los principios de la calidad.
En definitiva, la organización debe estar volcada hacia el usuario,
es decir el ciudadano y sus necesidades específicas, y para ello son
importantes los procedimientos, los circuitos, las normas, pero por
encima de todo es necesaria la implicación de los miembros de la
organización en la búsqueda permanente de los círculos de calidad. La
búsqueda de la calidad incide en la mayoría de ámbitos de actuación,
pero por sobre todo se compromete imprescindiblemente en la gestión de
los recursos humanos.
Es por ello que cuando se estructura un programa para la implantación
de un sistema de la calidad, siguiendo por ejemplo los protocolos QOSI
(Sistema de acreditación de servicios) para organizaciones de seguridad, se
considera imprescindible conseguir la máxima implicación de todo el personal
implicado en el proceso. La experiencia nos está demostrando que difícilmente
se puede hablar de un servicio policial de calidad, orientado plenamente al
servicio de la colectividad, si no se alcanza previamente dicha implicación. En
esta ponencia se desarrollan los programas desarrollados en dicha
experiencia, así como sus resultados hasta el momento.
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BIBLIOGRAFÍA
Aldo, Guillermo: Preparación básica para la implantación de un
sistema de Calidad. Ed. Gestión 2000, S.A. Barcelona. 1995.
Crosby, Philip B.: Hablemos de Calidad. McGraw-Hill. Madrid. 1993.
De la Torre Tenor, F.: Indicadores de calidad en Policía Comunitaria.
Ayuntamiento Hospitalet. Mímeo. Hospitalet (Barcelona). 1995.
Martín Fernández, M.: La profesión de policía, Madrid: CIS y Siglo
XXI, 1990
Moles Plaza, Ramon J.: Derecho y calidad. El régimen jurídico de la
normalización técnica. Ariel Derecho. Barcelona. 2001.



PLAN DE FORMACIÓN DE LAS POLICIAS DE
BUENOS AIRES
Dr. Manuel Martín
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La complejidad de las sociedades modernas, hace inútil la tradicional
lucha contra el delito únicamente desde la reacción policial y el sistema penal
en general. El mantenimiento del orden y la persecución del delincuente ha
sido a lo largo de los años, el principal papel de todo el aparato de control
social formal. El sistema penal era la respuesta fundamental y prácticamente
única al delito de todo tipo.
La persecución del delincuente era, desde esta perspectiva, el objetivo
fundamental de la policía. Hoy sin embargo la criminología moderna reconoce
la importancia fundamental de la situación en el desarrollo de los delitos. El
delito se produciría, desde esta perspectiva situacionalista, cuando confluyen el
posible delincuente, la víctima u objetivo apropiado y el entorno adecuado.
La eficacia de la policía en la lucha contra el delito, implica pues, que se
preste la máxima atención no sólo al presunto delincuente, sino también a las
víctimas o blancos potenciales, así como al entorno social, ambiental y de todo
tipo en el que éste se pueda producir, es decir, a la situación. La prevención
adquiere en este contexto un valor fundamental. La prevención situacional es
una aproximación global e integrada a la prevención de la inseguridad basada
metodológicamente en los siguientes aspectos:
a) Atención a todas las zonas de la ciudad incluso a los barrios
potencialmente más problemáticos.
b) Potenciación de la interrelación plena entre el sector público y el
sector privado así como con el tejido social en general.
c) Adopción de una perspectiva global que aborde también los aspectos
sociales, económicos, o educativos de la zona.
Pero en la práctica, esto implica muchos cambios en las organizaciones
policiales. Sobre todo se trata de un cambio cultural en todo el colectivo
policial. Es importante para ello cambiar como se percibe la policía a sí misma
pero también como definimos todos nosotros que tipo de policía queremos.
Es necesario que los policías estén plenamente integrados en el tejido
social. Que el Policía no sea un elemento más del mobiliario urbano, sino un
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auténtico profesional, y esto implica que cada policía debe ser consciente de su
propia responsabilidad sobre el territorio, o sobre una función determinada.
Naturalmente, no es posible hablar de participación si el policía no dispone de
la información suficiente para abordar el problema, y de unas estructuras que
faciliten la plena coordinación entre unidades policiales y con otros
departamentos y agentes sociales.
En general, los programas de actuación policial han de ser programas
interdisciplinarios. El Policía no es un asistente social, ni un abogado, ni un
psicólogo, pero debe formar parte, junto con estos y otros profesionales y
departamentos, de los equipos que diseñan y ejecutan los programas de
actuación. No se puede hablar hoy de inmigración, drogas, circulación, y otros
temas similares desde una perspectiva únicamente policial, sin tener en cuenta
que la Policía forma parte de un sistema social mucho más complejo.
En un sistema social bien cohesionado, el aparato de control social
informal es el principal método de regulación del comportamiento individual
para poder convivir en sociedad. El control formal coactivo, con sus prisiones,
el uso de la fuerza, y régimen sancionador de todo tipo, sólo se trata de un
último recurso cuando el sistema informal falla. La policía sigue pues
constituyendo una parte importante del aparato de control social coactivo y
penal, pero la prevención, la mediación, la potenciación de la integración social,
son instrumentos mucho más importantes que la propia represión.
El recurso a la legislación administrativa es cada vez más importante en
el seno de la policía, pero aún así, la principal herramienta del Policía sigue
siendo el sentido común. La demanda social exige de la policía soluciones
concretas a sus problemas y la sola aplicación de la ley no proporciona
siempre mecanismos para abordar esos problemas.
La policía, orienta cada vez más su actividad a la resolución de
problemas. Pero esto implica unas organizaciones policiales muy integradas
con el resto de agentes sociales con competencias en el tema y con los
recursos suficientes para abordar el problema. La Policía forma con el sistema
penitenciario y con el judicial, los principales mecanismos de control social
formal del Estado, pero en una sociedad moderna la participación de la Policía
en aspectos más preventivos, colaborando con otras instancias de control
social informal como la familia, la escuela o los servicios sociales es cada vez
más necesaria.
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Por otro lado, es necesario orientar el trabajo de la Policía hacia el
ciudadano, en su calidad de usuario del servicio. Esto implica la permanente
adaptación de la organización policial a las expectativas y necesidades
sociales, es decir, a la calidad del servicio.
La búsqueda de la calidad máxima en el servicio prestado, es un
objetivo relativamente reciente en la Administración Pública. En el caso de la
Policía, esta búsqueda suele limitarse a aspectos formales como la eficiencia
administrativa, la mejor rentabilización de los recursos, o la adecuación de la
actuación del policía a los procedimientos normativizados. Sin embargo, esto
casi nunca se refiere a la mejora de la calidad del producto real "fabricado" por
la Policía: seguridad, calidad de vida, o resolución de problemas. Esto se debe
a la dificultad de objetivar esos conceptos, pero también a la propia concepción
del papel de la policía. Esta concepción social sobre el rol atribuido a la policía,
ha ido configurando una cultura policial basada en la reacción por encima de la
prevención, al recurso casi exclusivo al sistema penal y a la consideración del
tejido social como fuente de problemas más que de soluciones.
Se demanda unas organizaciones de Policía competentes y
profesionalizadas, pero esto sólo se puede conseguir con un alto nivel de
motivación y una cultura profesional acorde con esas demandas sociales. La
imagen del policía dedicado preferentemente a la persecución del pequeño
delincuente desde potentes vehículos, está hoy en crisis. Hoy se deben
potenciar en la Policía conceptos como el trabajo en equipo, la policía
comunitaria, el tratamiento de los problemas sociales, o la búsqueda de la
calidad máxima del servicio. Se pide en definitiva una determinada actitud por
parte de las Policías, que hagan fácil lo difícil y no difícil lo fácil. Hoy ya no se
admite la desproporción en el uso de los recursos, la falta de eficiencia o el
abuso de autoridad. Se espera del Policía que sea un auténtico profesional.
Estamos hablando nuevamente, de la cultura profesional de la Policía.
Por otro lado, en la práctica, contrasta fuertemente la enorme ilusión y
entrega de que hacen gala los policías recién ingresados en el Cuerpo, con la
apatía y desmotivación que se apodera de muchos de ellos pocos años
después. La sublimación de la función policial, con sus componentes añadidos
de espíritu de sacrificio y entrega a los demás, da paso muchas veces a un
cierto fatalismo y desinterés.
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La rutina y la desmotivación, y desgraciadamente en algunos casos
también la corrupción, son un autentico problema para los directivos de las
organizaciones de policía, dado el poder corrosivo de estos factores. Esto hace
que la búsqueda de estrategias de motivación y de enriquecimiento del puesto
de trabajo, sean una necesidad inaplazable en la policía actual, para la propia
supervivencia profesional de las organizaciones policiales como algo mas que
un simple conjunto de personas uniformadas.
Las organizaciones policiales modernas se caracterizan por la
progresiva implantación en su seno de una nueva cultura que implica una
actitud hacia el servicio y la colectividad diferente de la tradicional. Es en suma,
un nuevo estilo de hacer policía. El trabajo en equipo; la policía comunitaria; la
orientación a la resolución de problemas; la respuesta contingente al entorno
concreto en que se actúe; la configuración de redes interrelacionados con el
resto del sistema policial y con todos los agentes sociales que intervienen en el
hecho, son algunas de las características de ese nuevo estilo policial, pero
sobre todo es el nivel de implicación en el tejido social, lo que caracteriza la
Policía moderna.
Se parte generalmente del mito de que el trabajo policial es
impredecible, y de que por tanto la programación y planificación del mismo sólo
puede alcanzar algunos aspectos marginales. Esto hace que el establecimiento
de objetivos y el control del nivel que se alcanza de los mismos, no suele
referirse a los fines de la función policial, sino a los instrumentos cuantificables
utilizados. Así, el número de denuncias formuladas, de detenciones realizadas,
o de comunicados tramitados, suele constituir en muchas policías el principal
sistema para marcar objetivos y por tanto para controlar su nivel de ejecución.
Estos datos son útiles para justificar el trabajo realizado, o para proteger
la organización de posibles acusaciones de inoperancia. Permiten objetivar el
trabajo realizado y por tanto cuantificarlo, plasmarlo en gráficas, estadísticas y
memorias. Se pueden analizar resultados, compararlos con los ejercicios
anteriores e incluso valorar el peso relativo de cada tipo de actuaciones en el
conjunto de actividad policial. Sin embargo, estos datos objetivos se refieren
casi siempre a los medios utilizados para alcanzar un fin que sólo queda
reflejado de manera indirecta.
La represión es un instrumento más de los que puede disponer el
policía, pero no un fin en sí mismo. Se pueden realizar actividades de
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disuasión, prevención, información, investigación etc. que, sin tener un carácter
finalista, persiguen un mismo objetivo que la denuncia o la detención.
Hoy se le pide al policía que sea un profesional de la seguridad, de la
integración social, de la calidad de vida, pero sobre todo, se le pide que actúe
de una forma determinada, que actúe con una actitud de auténtica implicación
en los problemas en los que interviene. Lo más importante no es en qué
materias interviene, sino de que forma se hace esta intervención.
La población no se conforma con la confección de un informe o con la
detención de un delincuente. No se conforma con una respuesta burocratizada,
ni acepta que lo que para él en ese momento es un grave problema, para el
policía sólo represente una anécdota o algo de escasa importancia y que por
tanto actúe de manera rutinaria o desconsiderada. Hoy se pide a la Policía
respuestas y soluciones concretas, un elevado nivel de conocimientos
profesionales, una fuerte implicación en los temas, una actitud claramente
positiva de mediación y de búsqueda de alternativas. Se pide en definitiva
profesionalización.
La policía ante esta específica demanda social de actitud participativa al
enfrentarse a su trabajo diario, progresivamente va saliendo de su tradicional
aislamiento y entra a colaborar estrechamente con multitud de agentes
sociales, incluso de carácter no público. De hecho la flexibilidad, al definir que
agentes sociales deben movilizarse en cada tema, es una de las características
de las policías actuales.
La orientación de la actuación policial hacia la resolución del problema
de manera global, la interdisciplinariedad, y la actitud general de mediación por
parte de los policías, se demostró mucho más eficaz que las respuestas de
control y represión clásicas. Sin embargo, todavía son muchos los policías que
ven como trabajo no policial todo aquello que no esté directamente relacionado
con la aplicación de la legislación penal.
Pero la mediación es ya hoy uno de los instrumentos más útiles para la
policía en la resolución de los conflictos privados. En este papel de mediación
es fundamental una actitud determinada por parte de los policías, pero tanto o
más importante es la expectativa social que todos tengamos sobre el rol que
debe jugar la policía. Si creemos que el papel de la policía es meramente
reactivo, que debe atender los efectos (los delitos) no debería extrañarnos que
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a veces sea difícil conseguir esa actitud proactiva y moduladora de los
conflictos que pretendemos.
Es evidente que la sociedad pide a la Policía que sea eficaz en la
captura de los delincuentes que han delinquido, o en la represión de los
infractores que con sus actos afectan la calidad de vida de la población en
general. Sin embargo, por muchos delincuentes que capture la policía, por
muchos vehículos que retire la grúa, o por muchas denuncias que se realicen
el ciudadano no se sentirá satisfecho si no ve disminuir el número de delitos y
de infracciones.
Para un ciudadano que no se atreve a pasear por un espacio público,
porque teme una agresión, lo importante no es saber cuantas detenciones
realiza la Policía, sino que hace para evitar que se produzca el delito. Que
aumente el número de detenciones para él es algo puramente anecdótico, lo
que de verdad desea es que no se produzcan delitos.
La Policía de hoy no puede limitarse a buscar la cooperación ciudadana,
si no que deben potenciarse los espacios naturales de encuentro entre la
policía y el resto de agentes sociales adecuado en cada caso. Esto implica
pasar de una concepción de la Policía como mero factor de control y
persecución del delito a otra en la que, además, se constituya en un factor más
de integración social. En las sociedades modernas no basta con que el policía
sea un representante del Estado, un agente de la autoridad, ni con que sea un
buen defensor de la ley. Debe ser percibido, además de todo ello, como un
factor de integración social, como un miembro más de la colectividad
trabajando profesionalmente desde esa misma colectividad, codo con codo con
jueces, asistentes sociales, educadores, asociaciones de vecinos, en definitiva
con el resto del tejido social.
El cambio en las actitudes, así como el cambio en la cultura profesional
que a veces ello conlleva, no es empeño fácil como seguramente la mayoría de
mandos de Policía han podido comprobar. Estas dificultades, sin embargo, se
ven acrecentadas por no tener en cuenta aspectos que la teoría de las
organizaciones hace ya mucho tiempo que ha destacado como necesarios
para conseguir la implantación de un cambio organizativo de esta magnitud. La
premisa básica es que si queremos conseguir profesionales motivados hemos
de empezar por tratar a las policías como auténticos profesionales, y dar a los
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grupos informales la atención que merecen como condicionantes de las
actitudes de cada uno de sus miembros.
No podemos olvidar que el trabajo diario de un Policía se desarrolla en
el seno de un grupo, formado con otros policías que actúan con sus mismos
condicionantes. Aparentemente el policía trabaja solo en la vía pública, o a lo
sumo con otro compañero con el que realiza su servicio en pareja. Sin
embargo, esto no es enteramente cierto. La actividad concreta de cada día se
realiza efectivamente solo o en pareja, pero la presencia del grupo se hace
patente en casi todas la intervenciones que realiza un policía durante su
servicio.
En todo grupo humano se produce una serie de interacciones que
contribuyen a identificar un grupo. En el caso de la Policía estas interacciones
son poderosísimas y constituyen la esencia del propio grupo. Todo policía
sigue en sus actuaciones unas pautas influidas por múltiples factores, pero
muy especialmente por los diferentes patrones informales de comportamiento,
que se hallan previamente establecidos en su grupo de referencia profesional
el pequeño grupo.
Los grupos de referencia son básicos en la formación y modificación de
actitudes, pero mucho más en el de los comportamientos. La presión del grupo
ejerce un control social sobre cada uno de sus miembros que supera
ampliamente la influencia de la organización formal, los mandos o las normas.
Fenómenos como la corrupción, el estilo policial imperante o la motivación de
los policías, no pueden abordarse seriamente si no se tiene en cuenta la fuerza
de los grupos de referencia.
En la mayoría de las policías actuales la compatibilidad entre los
objetivos informales o el sistema de valores imperante en cada pequeño grupo,
y las generales de la organización presenta algunas dificultades. Muchas veces
la normativa y las instrucciones generales no resuelvan los problemas
concretos que el policía encuentra en la calle en su servicio diario. En esos
casos el grupo desarrolla sus propios modelos de comportamiento y respuesta
al margen de la estructura formal.
Conocer esos modelos informales, reconducirlos abiertamente mediante
la participación del propio grupo, y asumirlos de manera contingente a la
realidad de ese turno, barrio o tipo de servicio, evitará la existencia de
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comportamientos incompatibles con los objetivos de la organización o incluso
de la ley. No es prohibiendo la corrupción como evitaremos que aparezcan
conductas corruptas, si no estableciendo mecanismos claros y eficaces de
control y sobre todo, haciendo que esas conductas sean incompatibles con el
sistema de valores del grupo. Ningún policía usa por mucho tiempo más fuerza
de la debida, acepta gratificaciones, o falsea sus informes si ese
comportamiento no está aceptado, o al menos tolerado, en el seno del
pequeño grupo.
Al hablar de sistema de valores, incidimos en uno de los aspectos más
importantes de la policía: la cultura profesional. La búsqueda de estrategias de
motivación y de enriquecimiento del puesto de trabajo, sean una necesidad
inaplazable en la sociedad actual, para la propia supervivencia profesional de
las organizaciones policiales como algo mas que un simple conjunto de
personas uniformadas.
Los cambios estructurales en las Policías, las modificaciones de los
organigramas, los circuitos administrativos o las normas de actuación, pueden
contribuir a la mejora organizacional y la eficiencia. Sin embargo, la
consecución de un nuevo estilo policial, de una actitud realmente profesional y
de servicio en todo y cada uno de los policías, de una mejora real en la calidad
del servicio prestado, solo puede conseguirse a través de los recursos
humanos de la organización.
Así pues, conseguir una Policía acorde a las nuevas exigencias de
nuestra sociedad, implica que los procesos de formación, de trabajo en equipo,
de participación y comunicación, y sobre todo, los mecanismos de motivación,
deben ser objeto de atención especial. Las nuevas organizaciones de Policía
requieren un profundo cambio de cultura profesional que difícilmente se podrá
conseguir si no se implican en el mismo la mayoría de los policías. Pretender
cambiar la Policía sin contar con los propios policías es garantía de fracaso. La
Policía que nuestra sociedad está demandando, pasa precisamente por una
actitud profesional que es responsabilidad de todos los policías tanto mandos,
como agentes de base. Conseguir esa Policía es nuestro reto y nuestra
responsabilidad.


PLAN DE FORMACIÓN DE LAS POLICIAS DE
BUENOS AIRES
Dr. Manuel Martín
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TeÓricamente, nadie discute hoy la necesidad de que la Policía, para
desarrollar adecuadamente su trabajo, debe hallarse muy próxima a la
colectividad, pero existen diferente interpretaciones sobre lo que implica
proximidad.
Uno de los sistemas más frecuentemente utilizados para conseguir esa
proximidad, es hacer que, los policías bajen de los vehículos, recorran a pie las
calles, hablen con los vecinos, se puede atender rápidamente sólo las
llamadas telefónicas más urgentes y derivar las demás para un contacto
personal. Se puede potenciar ese contacto personal como herramienta normal
de trabajo. Pero la policía de proximidad es no sólo esto. Además de estas y
otras medidas similares, lo más importante es conseguir que el estilo policial
esté claramente orientado a la proximidad. Toda la organización policial, debe
ser capaz, con un sistema o con otro, de implicarse en el tejido social, de
conocer y ser conocidos, de detectar problemas potenciales y poner las
medidas para que no se produzcan, de trabajar conjuntamente con el resto de
agentes sociales para la búsqueda de soluciones y alternativas.
Estamos a las puertas de un nuevo siglo. Esto parece que va a
abocarnos a toda suerte de cambios sociales inminentes. El siglo XXI se nos
aparece como un mítico peligro que nos traerá unas sociedades diferentes. Sin
embargo, este gran cambio que se nos avecina no pasa de ser un espejismo.
El cambio ya está aquí. Seguramente hace mucho tiempo que está aquí. Las
sociedades evolucionan permanentemente. Por ello no es necesario realizar
ejercicios de quiromancia para intuir hacia donde están ya evolucionando las
demandas sociales a la Policía.
Simplificando mucho, podemos observar dos grandes tendencias. Por
un lado la progresiva tecnificación de la delincuencia que se irá haciendo más
internacional, más organizada y más relacionada con la informática, con los
medios tecnológicos de pago, con el blanqueo de dinero, con el comercio
internacional. Se trata de una delincuencia para la que la Policía clásica no
representa un serio peligro. Por ello es necesario una policía bien coordinada
internacionalmente, muy especializada, altamente especializada en la que
hasta ahora era una delincuencia de elite y en el futuro será la más frecuente y
extendida. Por otro lado las sociedades actuales serán cada vez más
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complejas, más interraciales, más dinámicas y por tanto con más conflictos
entre intereses diversos. Para dar respuesta a esos conflictos, para poderlos
prevenir, la Policía debe jugar cada vez más un papel de integración social, de
mediación, de proximidad a la población. Se configura así una policía por un
lado muy especializada y por otro muy próxima a la población. No se trata de
dos policías diferentes, si no de un mismo sistema policial interrelacionado con
independencia del número de cuerpos o unidades que la formen.
La Policía está evolucionando mucho y rápidamente. Desde los
planteamientos burocráticos Weberianos de hace unos años se está pasando
hoy en los lugares más diversos a planteamientos de gestión innovadores.
Hoy, se acepta en general que la búsqueda del sistema ideal de organización
policial, del modelo definitivo de policía es una simple quimera. No existe esa
organización ideal. Por ello, la Policía ideal se materializa de manera diferente
según las necesidades, las características, las contingencias de cada lugar o
de cada época. Estamos frente a un modelo contingente. La gestión policial
atiende hoy a aspectos como motivación, filosofía organizacional, estilo de
trabajo, actitud más que a los sistemas organizativos y burocráticos
tradicionales. Se trata de un cambio en profundidad de la cultura de las
organizaciones policiales, del rol asignado a la Policía, del mismo concepto de
policía. Aquel defensor de la línea azul que separa los buenos de los malos
como lo definía Wilson a principios de siglo, es hoy un factor de integración
social, un defensor de la seguridad y de la calidad de vida de toda la
comunidad y con toda la comunidad.
Hoy no basta con que unos cuantos policías patrullen a pie los barrios y
pueblos ayudando a unos y otros con una sonrisa. Hoy se precisa una actitud
de plena participación activa en su trabajo de cada policía individual, una
nueva filosofía de actuación, un nuevo estilo de hacer policía, y esto afecta a
todos los policías, no sólo a unos cuantos, porque afecta a toda la sociedad y
no sólo a una parte.
Hoy, la proximidad se materializa de muy diferentes maneras, pero el
objetivo es en todo caso obtener la legitimidad de la policía no sólo en el marco
legal, sino sobre todo, en la propia comunidad. Desde esta perspectiva la
organización es sólo un instrumento. No existe la receta de cocina infalible ni la
organización de policía ideal, como Weber definía las viejas organizaciones
burocráticas. Lo que hoy caracteriza los cuerpos policiales más innovadores no
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es su estructura, ni sus funciones, sino su estilo de trabajo, la actitud de sus
policías, el rol que juega la Policía en esas comunidades.
En estos cuerpos policiales son básicos conceptos como proximidad a la
sociedad, orientación a la resolución de problemas, proactividad, mediación,
atención global a la situación, la víctima y el delincuente y aspectos similares.
En todos los casos para que esta policía sea una realidad, es imprescindible
una actitud positiva por parte de los policías. Una actitud de anticipación al
conflicto, de resolución de problemas, de movilización de recursos, de
auténtica implicación en los temas, de profesionalidad, en definitiva.
Esta actitud positiva es fundamental en la percepción que los
ciudadanos tienen sobre la Policía. En el modelo burocrático el ciudadano es
siempre un actor del procedimiento administrativo correspondiente. El
profesional sigue los estándares establecido, cumplimenta los formularios
adecuados, sigue paso a paso la normativa establecida, detiene cuando ha de
detener, denuncia cuando ha de denunciar, pero el ciudadano es siempre
sujeto pasivo del procedimiento. Hoy sin embargo, en la Administración Pública
en general, y la Policía en particular, el ciudadano es cada vez más el cliente
del servicio público con todo lo que ello comporta. Como cliente exige no sólo
unos buenos resultados, sino un trato esmerado, una atención no rutinaria, una
actitud de comprensión y de implicación en el tema por parte del funcionario.
La eficacia no se mide ya en término meramente cuantitativos, en
estadísticas y en informes rutinarios. Conceptos como búsqueda de la
excelencia, control de calidad, eficiencia y racionalización en el uso de los
recursos, implican la ruptura definitiva con los viejos usos de la burocracia
racional-legal. Se trata sin duda de otro tipo de organizaciones.
Estamos hablando de organizaciones muy profesionalizadas y altamente
motivadas. Resulta evidente la importancia del factor humano para configurar
con éxito este tipo de organizaciones. La presencia física sobre el territorio se
puede conseguir con muy diferentes tipos de organización pero la actitud
necesaria para que se produzca una auténtica proximidad, sólo es posible
desde la plena participación de los policías y ello implica la aceptación social
de ese nuevo rol.
Las sociedades de hoy son cada vez menos monolíticas y monocordes,
diferentes culturas, diferentes razas, diferentes sensibilidades se van
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incardinando entre sí de manera más o menos traumática. Hoy las fronteras,
las líneas azules o los parapetos quizás puedan retrasar algo esa confluencia
de culturas, razas y sensibilidades pero desde luego no podrán pararlo y yo
añadiría que afortunadamente no podrán pararlo. En la diferencia está
precisamente la riqueza de la cultura, de la sociedad.
En mi opinión, no podemos permitirnos el lujo de desaprovechar ninguno
de los recursos potenciales que puedan contribuir.
La Policía de hoy, toda la Policía, independientemente de cuerpos de
pertenencia o especialidades, tiene un potencial como factor de cohesión
social nada despreciable. La Policía, trabajando conjuntamente,
interdisciplinariamente con el resto de profesionales y de agentes sociales es
un mecanismo de cohesión del que sería absurdo prescindir en un momento
en el que la evolución de la sociedad hace cada vez más necesarios estos
agentes de integración. El uso de los instrumentos legales puesto a su
disposición, de su capacidad de mediación en los conflictos y de su potencial
de implicación en el tejido social, la proximidad en suma hace de la Policía un
eficaz instrumento en esa necesaria integración de culturas, razas y
sensibilidades diferentes.
Una policía basada en los principios de la policía comunitaria presenta
en este sentido innumerables ventajas. El tipo de conflictos en los que se
espera que intervenga el policía viene definido por la propia sociedad en la que
presta sus servicios profesionales el policía. Esa participación social, debe
garantizar también el adecuado control de la manera en que se realiza la
actividad policial. La descentralización de las organizaciones policiales; la
implicación en el territorio: las patrullas a pie; los medios técnicos adecuados;
la formación; son instrumentos básicos para la detección de los problemas que
afectan la seguridad ciudadana y la calidad de vida de la población. Sin
embargo, todos estos instrumentos son insuficientes si la policía no está
interrelacionada con el resto de agentes sociales, si no se siente plenamente
integrado en la sociedad.
El conocimiento amplio del territorio y de la colectividad que en él se
desenvuelve, permiten al policía situar correctamente cada problema en el
contexto adecuado. Se pueden detectar las causas reales del mismo, así como
cada una de las consecuencias que puede provocar cada alternativa utilizada
para su resolución. Sin embargo, es imprescindible conocer profundamente los
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diferentes recursos de la administración y del propio tejido social. Las políticas
aplicadas en cada caso, las prioridades y los mecanismos de movilización de
dichos recursos. Esto sólo es posible si la Policía no actúa como un ente
aislado, sino como una parte más de la Administración, y por tanto su nivel de
coordinación con otros servicios públicos con competencias sobre el tema se
convierte en una norma y no en una excepción.
Los policías desplegados sobre el territorio deben sentirse responsables,
tanto individual como colectivamente, de la detección de problemas, propuesta
de alternativas y seguimiento de resultados, de todo aquello que dentro de sus
competencias afecte a la calidad de vida de los habitantes de la zona asignada.
Se deben planificar estrategias y valorar sus resultados, pero sobre todo, debe
potenciarse la aparición de un sistema de valores en el seno del cuerpo
policial, acorde a los objetivos generales de la organización y a las
necesidades de la población.
Los equipos de trabajo, los grupos profesionales de referencia de cada
policía, tienen la fuerza suficiente como para condicionar las actitudes y los
comportamientos de cada uno de los policías. El sistema de valores debe ser
algo asumido por el conjunto de la organización, y por cada uno de sus grupos
que la integran, como parte de la cultura profesional del cuerpo, y no como algo
individual de cada policía según sus propias actitudes.
Sin embargo, conseguir esto no es fácil. Uno de los principales
problemas es muchas veces el nivel de desmotivación de los policías. Quizas
la ambigüedad de las metas que se espera que deben alcanzar, y un cierto
sentimiento de inutilidad de su trabajo diario, pueda contribuir a esa
desmotivación, pero superar esa situación es el autentico reto de las
organizaciones policiales modernas.
Los policías necesitan hoy actuar desde una actitud altamente positiva
de prevención y anticipación de los problemas, de implicación personal en la
resolución de todo tipo de conflictos y en la búsqueda de alternativas, en la
movilización de recursos tanto públicos como privados para abordar esos
problemas de manera global e interdisciplinaria. En definitiva, hablamos de
pasar de una filosofía eminentemente reactiva a otra básicamente proactiva.
Esto implica forzosamente la máxima implicación posible en el tejido social por
parte de la policía, de toda la policía de hoy. La seguridad, la calidad de vida, la
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resolución de problemas son cosa de la policía, pero también de los diferentes
agentes sociales y en definitiva de todos nosotros.
Sin embargo, esta actitud proactiva, encuentra en la práctica, fuertes
reticencias en el seno de los propios cuerpos policiales, acostumbrados a
acudir al sistema penal y a trabajar desde una cierta lejanía de la colectividad
en general. La policía en general, se mueve desde mediados de siglo, entre
dos extremos que condicionan el estilo policial que se adopte en cada
momento. El estricto cumplimiento de la ley y la aplicación discrecional de su
profesionalidad ante los problemas concretos. Los policías, al igual que otros
agentes sociales, se enfrenta diariamente a problemas concretos para los que
la simple aplicación de la ley no ofrece respuesta.
Esto es muy frecuente en esa tenue frontera que delimita el ámbito de lo
privado y lo público. Las discusiones entre vecinos, los malos tratos en el seno
de la familia, los atentados al medio ambiente, el fraude, el mundo del comercio
y del consumo, la industria, el transporte, etc. Son campos en los que el policía
recibe una creciente demanda social y para los que el sistema penal sólo es útil
a partir de determinado nivel.
Uno de los elementos más característicos de las organizaciones
policiales modernas, es sin duda la necesidad, de que la policía esté
fuertemente implicada en la colectividad. Esta implicación comporta la
integración plena en el tejido social y por tanto la máxima interrelación con
diferentes entidades sociales. Es importante pues analizar, desde diversas
perspectivas, el papel de la policía en relación a estas entidades sociales.
Puede tratarse de asociaciones, instituciones, o profesionales de todo tipo,
siempre que su marco de actuación confluya en la misma problemática social
en la que trabaja la policía, y sin embargo los policías suelen ser reacios a que
esa relación trascienda la mera colaboración.
En general se acepta, casi sin discusiones, que la eficacia de la policía
depende en gran parte de la colaboración ciudadana. Se pide esa colaboración
a los ciudadanos para que denuncien los delitos, para que aporten la
información que conozcan, o para que ayuden a la policía en sus
investigaciones. En la experiencia policial de los últimos años podemos
encontrar muchos ejemplos de sistemas diferentes de colaboración ciudadana
con la policía. Así podemos encontrar desde los programas de alerta
ciudadana, en los que ciudadanos voluntarios ayudan a la policía, hasta
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sistemas de autoprotección supervisados por la policía. En todos estos casos
sin embargo, la filosofía dominante es la del ciudadano colaborador de la
policía. La policía es, desde esta perspectiva, la organización que debe recibir
la colaboración de la sociedad para poder ayudar desde sus conocimientos y
atribuciones a esa misma sociedad.
Sin embargo hoy, esta concepción del ciudadano colaborador está
ampliamente superada. En las sociedades modernas la policía trabaja cada
vez más, de manera interdisciplinaria, con múltiples agentes sociales que
intervienen de alguna manera en el tema de la seguridad. La filosofía inherente
a la policía comunitaria o de proximidad, por ejemplo, es que la policía por sí
sóla no puede solucionar ninguno de los grandes problemas sociales en los
que interviene. Drogas, medio ambiente, violencia doméstica, delitos
económicos, son algunos de los temas en los que la actuación policial es sólo
una parte de la solución, y muchas veces la menos decisiva.
Las diferentes entidades sociales, tanto si son asociaciones, como
instituciones o bien profesionales de todo tipo, así como los ciudadanos en
general, no son hoy para la policía una mera fuente de información o unos
colaboradores potenciales. Son en si mismos una parte trascendental para
poder abordar eficazmente los diferentes problemas sociales. Son una parte
integral del sistema de seguridad de las sociedades actuales. Por ello la
interdisciplinariedad de la policía y la plena interrelación con el resto del tejido
social son absolutamente imprescindibles.
Este trabajo interdisciplinario va más allá de la tradicional derivación de
temas de unos servicios a otros, o de los contactos periódicos con las
asociaciones vecinales. Se trata de diferentes servicios, de diferentes
profesionales, de diferentes agentes sociales trabajando conjuntamente,
interdicisplinariamente, para la resolución de un mismo problema desde una
perspectiva globalizadora. Sólo desde una profunda actitud de mutua
colaboración, de búsqueda en común de alternativas y soluciones, se puede
abordar racionalmente un objetivo como puede ser la resolución de un
problema social concreto, el mantenimiento de la seguridad ciudadana, o la
mejora de la calidad de vida de la población.
Es evidente que cada uno debe ceñirse a aquellos temas de su propia
competencia. El policía es ante todo una parte del aparato de control social
formal de cualquier estado, y por tanto su misión primordial es velar por el
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cumplimiento de la ley y la persecución del delito, pero no es este su único
papel en las sociedades modernas. Hoy en la práctica se está configurando un
nuevo rol para la policía. La sociedad actual ya no ve al policía únicamente
como un profesional del control social, como la fuerza al servicio de la ley, sino
además, como un potente modulador de conflictos, un factor de mediación e
integración social.
Dr. Manuel Martín